Cómo el Puerto de Ámsterdam ahorra dinero gracias a la responsabilidad social corporativa

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El Puerto de Ámsterdam aspira a convertirse en uno de los enlaces logísticos más sostenibles de Europa, además de aportar valor a la región metropolitana a la que pertenece. Su director financiero, Michiel de Brauw, fue el encargado de lograrlo, con la ayuda de Exact.

«El puerto de Ámsterdam es un centro logístico muy importante, con un tráfico de cargas que supera los 100 millones de toneladas al año», comenta el director financiero del puerto, Michiel de Brauw, que añade: «El valor añadido a la economía de la región se acerca a los 7 mil millones de euros, y es uno de los puertos de suministro energético más grandes de Europa, con más del 75 % de los transportes de combustibles fósiles. La llegada de la energía sostenible ha causado una enorme transformación. Estamos completamente enfocados al desarrollo de nuevas actividades e innovación para lograr un cambio rápido hacia las energías limpias con el objetivo de dejar de almacenar y transportar carbón para 2030».

Objetivos de sostenibilidad

«Queremos ser uno de los puertos sostenibles líderes en Europa. Ahora somos el puerto de transporte de gasolina más grande del mundo y el segundo en tonelaje de carbón de Europa. Queremos seguir siendo uno de los mayores puertos de suministro de energía, pero con una reducción de nuestro impacto ecológico. Por eso nos estamos centrando en la transición energética —sin rechazar la industria de combustibles fósiles, pero sí reforzando nuestra participación en el terreno de las energías renovables y otros mercados energéticos no fósiles—.

Durante mi trayectoria en DHL Supply Chain y especialmente durante los últimos tres años que estuve en Alemania, me di cuenta del alcance de la responsabilidad social corporativa y la importancia que tiene prestar atención a la sostenibilidad, especialmente en las negociaciones con los grandes clientes. Cuando una empresa subcontrata sus procesos logísticos con una organización ecológica, mejora la imagen del propio cliente. Alemania está por delante de Holanda en este sentido. Están trabajando muy duro para lograr un suministro de energía ecológico, y durante los días de sol y viento no tienen que recurrir a las plantas de carbón. En Holanda aún nos queda mucho camino por recorrer.»

Economía circular

«Además de la transición energética, nos centramos en la economía circular de la región. La región metropolitana de Ámsterdam tiene una de las densidades de población más grandes del mundo y no para de crecer. Esto conlleva unos desafíos importantes en términos de presión ambiental y problemas generales. La clave para nosotros es limitar el impacto físico del puerto y gestionar de manera inteligente el espacio limitado de que disponemos como consecuencia del crecimiento de la ciudad.

Solo podemos lograr nuestros ambiciosos objetivos de sostenibilidad trabajando en equipo. Por ejemplo, el puerto gestiona las instalaciones de procesamiento de desechos de la ciudad, por lo que hay mucho que reciclar. Para ello, hemos establecido una cadena de empresas en el puerto que reutilizan los materiales desechados. La economía circular del puerto de Ámsterdam cobrará cada vez mayor relevancia. Además, estamos atrayendo a start-ups y scale-ups que aportan diversificación e innovación y que se centran, entre otros aspectos, en acelerar la transición energética.

¿Por qué está ocurriendo todo esto en el puerto? Porque contamos con el espacio físico y ambiental para ello. Nuestro foco de atención está cambiando del tránsito de carga entre, por ejemplo, Sudamérica, África y el interior del país, hacia el logro de un mayor aporte de valor para la región. Además, hemos creado unos 70 000 puestos de trabajo en el puerto: el valor añadido y el empleo generado resultan ya más importantes que la simple gestión de la carga.»

El director financiero al mando

«Las metas e iniciativas de sostenibilidad del puerto de Ámsterdam son tareas ideales para un director financiero, puesto que se basan en la creación de valor. Miramos más allá del crecimiento o la rentabilidad y vemos que el valor social también es importante. Para 2021 queremos alcanzar un 100 % de sostenibilidad en nuestras compras. Los estrictos requisitos exigidos actualmente a los informes de RSC de las empresas también hacen que el director financiero sea el candidato lógico para supervisar esos objetivos. Las directrices de la GRI (Global Reporting Innitiative) para los informes de sostenibilidad contemplan normas reconocidas a nivel internacional que tenemos que cumplir.

En los últimos años, hemos transformado nuestra política de responsabilidad social corporativa en un plan con objetivos claros. Somos capaces de medir cualquier cosa. Nuestra responsable en el tema, Linda van Waveren, no proviene de un entorno financiero, pero esto no supone ningún problema: nosotros le ofrecemos los KPI, análisis y resultados. Es así como podemos afrontar estos temas de manera tan eficiente en la organización financiera de la empresa.

Como persona clave, Linda se asegura de que todo el mundo en la empresa esté comprometido con la sostenibilidad de su propia área. Por ejemplo, nuestro sector náutico, encargado de regular el tráfico marítimo en el canal del Mar del Norte, quiere lograr una navegación que no genere contaminación, para lo cual ofrecen descuentos a las embarcaciones de operación ecológica. También, como copropietarios de un parque eólico, queremos generar energía limpia. Además, hemos instalado 100 000 m2 de paneles solares en el puerto, lo que nos ayuda a desarrollar nuestra función de “batería de la ciudad”. Estamos cambiando nuestro papel de puerto tradicional hacia el de una empresa más amplia, y no somos los únicos que estamos llevando a cabo esta transformación: los puertos de Amberes y Róterdam también están efectuando cambios similares.»

Rentabilidad financiera y social

«En mi equipo financiero solía tener perfiles meticulosos y centrados en los hechos, pero ahora también busco gente “ecológica”, con una imagen más global del proyecto. El equilibrio entre los objetivos financieros y sociales es lo que añade valor a nuestros planes de sostenibilidad. Lo que al final me parece más importante es la información no financiera y, de hecho, mis informes mensuales no constan solo de cifras, también incluyen información sobre la calidad del aire y de la vida.

La gente de mi equipo no puede basar sus decisiones exclusivamente en la rentabilidad financiera. Pensemos, por ejemplo, en las grúas con las que trabajamos en el puerto. Una empresa de cemento usaba una grúa diésel que causaba problemas a los vecinos, por lo que decidimos comprar una grúa eléctrica en una inversión conjunta. Se trataba de una grúa silenciosa que además tenía la ventaja de reducir las emisiones ambientales de CO2, nitrógeno y partículas dispersas. Todo ello supuso una mejora en la calidad de vida de los vecinos. Desde el punto de vista financiero, no tenía ningún beneficio tangible, pero era importante. Esto no hace que la toma de decisiones sea más fácil: a veces una acción tiene una rentabilidad financiera baja, pero una gran rentabilidad social. ¿Cómo tomas las decisiones en esos casos? Te fías de tu intuición.

Así amplías tus operaciones: puedes crecer como puerto, pero tienes que tener siempre un ojo puesto en la totalidad del proyecto y no solo en cada inversión en particular. La responsabilidad social corporativa también se traduce en ahorro de costes, pero solo si analizas la situación en su conjunto. Tenemos planes muy específicos para el futuro, no solo para los próximos 5 años, sino para los próximos 15 y aún más. Hemos elegido un camino y, si valoramos los KPIs, creemos que vamos en la dirección correcta. El puerto lleva más de 700 años en funcionamiento. No sabemos exactamente cómo será dentro de 50, pero ahora podemos tener una idea aproximada.»