El fascinante mundo tecnológico de Max Verstappen

La colaboración entre Exact y Max Verstappen nos permite abrir puertas que para otros permanecerían cerradas. Nos ofrece una visión privilegiada del fascinante mundo de la Fórmula 1, donde la innovación y la tecnología de vanguardia son la tónica habitual. ¿Qué sucede entre bastidores para que Max pueda completar todas sus vueltas y qué podemos nosotros aprender de ello

Bienvenidos al mundo tecnológico de Max Verstappen.

Gestión del cambio y mejoras continuas

Max y su compañero de equipo, Daniel Ricciardo, conducen coches construidos en la fábrica de Red Bull Racing en Milton Keynes (Inglaterra). En estas instalaciones trabajan 750 personas, literalmente día y noche, para que ambos coches puedan llegar al circuito en las mejores condiciones posibles. Todos los procesos son internos, desde el diseño hasta la construcción. El motor y la caja de cambios son prácticamente las únicas piezas que se fabrican en otros lugares.

Al Peasland, director de colaboraciones técnicas de Red Bull Racing, pasó de la industria aeroespacial a la Fórmula 1. Pensó que el desafío sería mayor y le encanta ese afán constante por seguir mejorando los coches bajo la presión implacable que imponen los plazos del calendario automovilístico. «Es cierto que somos un equipo de Fórmula 1, pero yo nos definiría más bien como un equipo de gestión del cambio y mejoras continuas».

La verdad es que un coche de Fórmula 1 nunca está acabado. Para cada Gran Premio, se efectúan más de 1000 ajustes, que suman alrededor de 30 000 por temporada. Después de todo, cada circuito tiene sus propias características, a las que hay que ajustar el coche con precisión milimétrica. También se utilizan datos de carreras anteriores para aplicar más mejoras, pero de eso ya hablaremos más adelante.

El resultado de este empeño de optimización tecnológica es que Max se sube a un coche nuevo en cada carrera, con nuevas calibraciones y una nueva conducción. Por fuera parece el mismo coche, pero ahí se acaba el parecido. Así se entiende mejor que haya 3 series de entrenamientos libres antes de cada carrera: en esas preciosas horas, Max tiene que habituarse a su «nuevo» coche y trabajar con los ingenieros para darle los retoques finales y dejarlo tal y como él quiere.

El gemelo digital

Afortunadamente, tampoco es que el equipo ignore por completo cómo será la conducción del coche en el primer entrenamiento libre del viernes. Esos 1000 ajustes no se introducen a base de corazonadas, sino que todo se hace en función de los datos y se confirma mediante continuas comprobaciones. Por ejemplo, antes de fabricar un alerón delantero, este se somete a minuciosas pruebas.

Cada una de estas nuevas piezas nace como un modelo CAD 3D al que se hacen pruebas mediante mecánica de fluidos computacional (CFD, por sus siglas en inglés), con un superordenador que funciona como un túnel de viento digital. Si la pieza responde conforme a lo esperado, se instalará en el gemelo digital del coche en el simulador de carreras, que es extremadamente realista. Para Max, su única diferencia con la realidad es la ausencia de fuerza g.

Si el diseño también responde en este entorno, entonces pasa a la fase de producción, pero primero como un modelo a escala del 60 % que se probará en un túnel de viento real. Con los resultados de estas pruebas, se confirman los datos del entorno virtual. La pieza solo se construirá e instalará en el coche una vez superado todo este proceso.

Un ejército de analistas de datos

Mientras que, dentro del coche, Max tiene que tomar sus decisiones en una fracción de segundo y casi siempre por intuición, hay cientos de compañeros de equipo centrados exclusivamente en los datos científicos exactos. Y no solo se ocupan de este trabajo entre carreras, sino también durante cada Gran Premio. En el paddock, los analistas van leyendo los datos del coche para saber cómo se está comportando.

Pero eso no es todo en un equipo puntero como el Red Bull Racing: la escudería dispone de su propia sala de operaciones en Milton Keynes, con la pantalla 4K más grande de Europa, donde otros 40 analistas efectúan un seguimiento en tiempo real. Y que nadie se piense que se dedican a ver la carrera: están ahí para estudiar los datos del coche.

«En 10 segundos, Max recibió información para solucionar los problemas de su caja de cambios».

Para estos analistas, es imposible aburrirse. Un coche de Fórmula 1 posee unos 1500 sensores que miden cualquier cosa imaginable: desde la temperatura, el consumo de combustible y la presión hasta el desgaste de los bajos, el porcentaje de goma de los neumáticos y la energía liberada al frenar.

Análisis y soporte en tiempo real

Durante un Gran Premio, Max está en contacto permanente con todo su ejército de analistas de datos, a través de su ingeniero de carrera, Gianpiero Lambiase. Entre ellos, se consultan cuestiones como el mejor momento para parar en boxes o el tipo de neumáticos que deberían ponerse. Sin embargo, la mayoría de los ajustes derivados de los análisis resultan invisibles para el público.

Durante el Gran Premio de Japón del 9 de octubre, Max se dio cuenta, a falta de 10 vueltas para el final, de que el coche hacía los cambios de marcha de forma muy brusca. Informó de esto a Lambiase a través de la radio de a bordo y en 10 segundos recibió una respuesta para solucionar el problema por sí mismo, con ayuda del volante. Al llegar a la siguiente curva, el coche de Max volvía a rodar como la seda.

En palabras de Peasland: «Para nosotros, una carrera es una prueba más. Es nuestra oportunidad de obtener datos que aplicamos inmediatamente a nuestro ciclo de desarrollo, de manera que podemos mejorar aún más el coche para la siguiente carrera».

La era de los negocios digitales

Es un mundo fascinante, ¿verdad? Y lo mejor de todo es que también tenemos mucho que aprender, aunque no dispongamos de 750 ingenieros aeronáuticos a nuestro servicio. Por ejemplo, la disposición para obtener mejores resultados cada día y actuar en consonancia.

El ajuste constante de las reglas y la atenta mirada de 80 millones de espectadores fomentan esa obsesiva necesidad de mejoras de la Fórmula 1. Puede que no tengas a tanta gente pendiente de ti, pero no cabe duda de que te enfrentas a un mercado muy dinámico.

Quien no se adapta a la era digital, está acabado. Podríamos decir que «basta con echar un vistazo a los periódicos», pero es que muchos de ellos son precisamente el ejemplo perfecto de lo que pasa cuando no te adaptas. Por eso los grandes bancos están investigando con cadenas de bloques y los comercios minoristas hacen pruebas con aplicaciones de realidad aumentada.

¿Quién analiza tus datos en tiempo real?

Imagínate que eres Max Verstappen. Puede resultar difícil, si tenemos en cuenta que la vida de este súper crack de 19 años —el ganador de un Gran Premio más joven de la historia— tiene muy poco que ver con la tuya. En cualquier caso, tú inténtalo.

¿Lo has conseguido?

Muy bien. Ahora eres Max y tu empresa se ha convertido en tu coche. Como bien sabes, el coche genera montañas de datos. En tu caso: gestión económica, gestión del stock, datos de la plantilla y los clientes, y así sucesivamente. No hay duda de que cuentas con un modesto equipo en el paddock para procesar y analizar todos estos datos.

«La pregunta es: ¿qué tienes que hacer para convertirte en un equipo puntero? ¿Cómo puedes hacerte con tu sala de operaciones en Milton Keynes y quién analizará los datos en tiempo real cuando lo necesites?»

Bienvenido al mundo del software de gestión en la nube.

Esta es la función de Exact. O, más bien, lo que Exact hace posible. Somos tu sala de operaciones y, gracias a nosotros, tu asesor o tu contable podrán hacer los análisis que necesitas en tiempo real. Gracias a nuestro software de gestión en la nube, dispondrán de una visión en tiempo real de la evolución de la empresa. Como resultado, no solo te enviarán información al final del trimestre, sino también durante la carrera.

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